Google impulsa el periodismo con News Lab

El periodismo conlleva la gran responsabilidad de informar a la sociedad de forma correcta y responsable. De su buen desempeño depende que las personas conozcan la información completa y veraz sobre los diversos temas que son importantes en su vida. De esta manera, al informar con la rigurosidad y calidad debida, se fortalece la sociedad y se impulsa a que los ciudadanos tomen mejores decisiones en beneficio de su futuro y el de la colectividad.

En tal sentido, la aparición del periodismo digital demanda mayor énfasis en el ejercicio del periodismo de calidad y ético. La aparición de internet no solo brinda espacio a la difusión de noticias de medios que si cumplen con la rigurosidad que la verificación de una información demanda; también existen diversos sitios en internet que brindan información manipulada o totalmente falsa. Y en algunos casos, grandes medios han sido ‘engañados’ por otros sitios web y terminan replicando noticias falsas, por las que después tienen que pedir disculpas y dar las aclaraciones del caso.

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Cuando el hincha se apodera del periodista deportivo

Por estos días se viene disputando la Copa América en Chile. Como todo torneo de fútbol, desata pasiones e inicia debates entre hinchas, periodistas y demás personas. Es común leer en las redes sociales, comentarios de hinchas muy conocedores que fundamentan su postura, pero también encontramos comentarios con palabras subidas de tono. En el hincha de fútbol, es común encontrar eso, pero ¿en un periodista? ¿en un programa en vivo?

El párrafo anterior encuentra su razón de ser en algo que me ocurrió ayer viernes. Mientras revisaba mi facebook me topé con un debate cuyo tema principal era el uso de la expresión “vamos Perú carajo” por parte de un periodista deportivo peruano.

En el debate en facebook, una persona sostenía que dicha expresión dentro de la transmisión del partido parecía situar la misma en una cantina, la otra persona defendía la frase argumentando que es un “criollismo”  válido porque sitúa la transmisión en el lenguaje coloquial del espectador de fútbol, del hincha peruano.

Sin embargo, aquella frase del periodista —que se hizo “popular” en la edición pasada de la Copa América, y desde aquella ocasión la empezó a usar más seguido— es hoy en día una de las menos vulgares que en ocasiones emplea en su programa radial. Es ahí donde, a raíz de hacer polémicos debates con los demás periodistas de su programa, en ocasiones, termina brindando un concierto de gritos e improperios —que prefiero no citar ni reproducir en este espacio— usados bajo la excusa de que ese lenguaje va ligado al fútbol.

microfono

Nada más errado a mi criterio, como oyente y periodista, pues si bien el fútbol y otros deportes te permiten añadir algunas expresiones coloquiales para hacer un poco más ameno y cercano el mensaje, esto no conlleva necesariamente a emplear insultos e improperios. No solo se trata de un tema de respeto al público, es la forma en que se debe ejercer el periodismo.

Como actores principales en los medios de comunicación, el periodista tiene el deber de informar con veracidad a la sociedad, pero debe hacerlo respetando todas las normas del lenguaje. Cuando el periodismo se realiza de esta manera, no solo se transmite de manera más clara el mensaje, también se educa al público brindándole conceptos claros y adecuados para que pueda realizar su propio análisis de la realidad. Por ello, no es algo menor el tener que moderar el lenguaje que empleamos como periodistas. Para terminar, me gustaría citar una respuesta de Javier Darío Restrepo del Consultorio Ético de la FNPI:

En los manuales de estilo se proscriben “las expresiones malsonantes y las groserías,” que para la generalidad de los lectores resultan ofensivas. Además, periódicos, revistas o noticieros, se convierten en piezas pedagógicas para la enseñanza del idioma y de su uso apropiado. Las llamadas “malas palabras”, groserías o expresiones malsonantes han sido excluidas del uso común por su carácter ofensivo o de mal gusto. El periódico o noticiero respeta esa convención social y las excluye de su lenguaje. En los manuales de estilo se prevén mecanismos de defensa contra el uso de estas palabras: solo se las acepta “en casos muy excepcionales,” su publicación debe ser autorizada por los directores, o han de ser parafraseadas, cuando son indispensables para la comprensión de una situación, o si la posición del protagonista convierte la expresión en un hecho excepcional. Aún si son dichas por un entrevistado, el medio de comunicación se niega a ser el altavoz o multiplicador de su mal lenguaje. Para incluir las malas palabras en una cita textual debe proceder de una persona relevante, deben haber sido dichas en público y deben tener justificación en su contexto. Dicho en pocas palabras: pueden ser reproducidas si agregan información. No basta, por tanto, que la expresión malsonante haya sido dicha en el curso de una entrevista. El manual de estilo de El País agrega que si ha de escribirse la palabra “ se escribirá con todas sus letras” y no en forma abreviada.

Hasta el siguiente post.